Viaje a tierras ashaninkas: bastante masato, alegrías e incertidumbre


Siempre quise conocer más sobre los Ashaninkas, el pueblo indígena amazónico más numeroso del Perú.  Lo poco que sabía de ellos estaba ligado a trágicas noticias durante la época que Sendero Luminoso dominaba las cuencas de los ríos Ene y Tambo, en la selva central. Pero eso, felizmente, sucedió varios años atrás. Ahora quería visitar alguna de sus comunidades, porque creo que la mejor forma de entender, aprender y especialmente querer al Perú es viajando y conociendo sus diferentes realidades y pueblos originarios. Eso sí, siempre que sea  un viaje con la mente lo más abierta posible.

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Por el rio Ene

Es así que gracias a una invitación de un viaje de prensa, llegué a la Comunidad Alto Camantavisihi. a los pies de la cordillera Vilcabamba en pleno VRAEM. Sí, aquél que se escucha en las noticias como zona de emergencia y narcotráfico. Pero la vertiente de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM) es un territorio muy extenso y no necesariamente toda su selva es como la muestran los noticieros.

Las chalupas o botes

Por el río Ene a tierras ashaninkas del Cutivireni

Partimos de Satipo rumbo a Puerto Chata, que se llama así porque antes los autos cruzaban en chata el rio Perené. Ahora tiene un excelente puente pero su puerto sigue bastante básico. Navegamos cerca de 4 horas por el río, primero por el  Perené y luego por el Ene hasta Sarita Colonia – Kiteni.  Es un pequeño centro poblado donde nos recibieron muy bien.  El señor Emilio Velarde nos comentó de la gran urgencia que tienen de la carretera para transportar sus productos: cacao, ajonjolí, maní, plátano, papaya. Él como muchos en Kiteni vinieron de la sierra y se establecieron aquí. Nos contó que ahora es mucho más tranquilo, ya en el recuerdo quedan las épocas de violencia que se vivió en la zona. Debo decir que sentí un ambiente amigable y tranquilo.

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Acampando en Sarita Colonia – Kiteni a orillas del rio Ene  Foto: Gustavo Rios

Muy temprano, a las 5am, seguimos en la chalupa rumbo a Boca Chapo, lugar donde se une el río Cutivireni al Ene. Aquí comenzó la caminata, que en muchos tramos fue puro lodo por la lluvia de la madrugada. La primera parada fue en la comunidad ashaninka BarroPampa, cuya entrada describía muy bien su nombre porque fue una subida de barro. El jefe nos recibió amablemente y nos hizo el gran favor de guardar parte de nuestro equipaje. Se venían varios kilómetros de camino y había que reducir el peso.

trekking selva

Fue un recorrido diez kilómetros en cinco horas aproximadamente. Caminé lento, hacía varios años que no caminaba con peso (carpa y bolsa de dormir) y mi espalda sufrió las consecuencias. Llegamos a las 2pm. a la comunidad Alto Camantavisihi, donde decidí quedarme junto a otras 6 personas más del grupo que ya no querían seguir caminando hasta la catarata Parijaro, el objetivo principal del viaje de prensa.

Masato y más Masato

La bienvenida fue con masato. Una señorita en una llamativa cushma rosada nos trajo la bebida mientras nos contaba como la habían preparado. Sí, era de la forma tradicional. Aquí no se molía la yuca cocinada, sino la masticaban las mujeres y luego esa masa se dejaba reposar. Ni modo, no quería pensar más en como fue su elaboración, solo me quedo tomar y agradecer. El sabor no me pareció feo pero tampoco rico, simplemente ácido y fuerte.

Masato de bienvenida que nos trajo la profesora Gisela, en su hermosa cushma rosada

En la tarde quise conversar con algunos señores de la comunidad y la mayoría estaba masateando. Seguí agradeciendo y tomando, poco a poco, el masato.

Pasonki Alto Camantavisihi.

En Alto Camantavishi

Esa fue la primera palabra que aprendí en lengua ashaninka, Pasonki que es gracias. Muy agradecida con Alto Camantavishi porque nos prestaron su local comunal para acampar, su cocina (espacio donde se pone la leña y están los utensilios para cocinar); y por todo el masato, yuca y cocos que nos invitaron.

La cocina en Alto Camantavishi Foto: Gustavo Rios

Pasonki a todos los señores que respondieron todas mis preguntas, especialmente a la profesora Gisela  y a su sobrino Esteiner, el único niño que nos hablaba y le gustaba que le tomen fotos.  Mil gracias Esteiner por enseñarme algunas palabras en ashaninka, por ayudarnos a encender la leña, por acompañarme a buscar mi cámara que dejé caer en el camino y por ti la encontré. Me hubiera encantado poder darte algo por toda tu ayuda. Solo te mostramos como tomar un par de fotos porque eso me dijiste que querías hacer de grande, pero no pude darte más. Tal vez fue muy poco tiempo, tal vez estos viajes requieren hacerlos de otra forma para sentir que doy tanto como recibo, para no sentir que solo yo me beneficio del viaje.

rio Cutiverini
Esteiner

Pasonki también a todos los niños y niñas que nos miraban de lejos, muy curiosos pero escurridizos. No querían acercarse ni que nos acerquemos, no respondían a nuestro saludo y huían a penas intentábamos estar cerca a ellos. ¿Por qué esa timidez? ¿será temor de algo? Cuando pedimos permiso para tomas a algunas mujeres, percibimos que no se sentían cómodas y decidimos no hacerlo. Creo que el respeto hacia todas las personas de la comunidad es uno de los principios más importantes de viajaporperu y es parte de un viaje responsable.

a orillas del Cutivireni con Esteiner

Incertidumbre y desconfianza

El tercer día regresamos junto a un profesor que conocía la zona. El camino estuvo muy lindo para mí, a pesar que me picaron las avispas. El maestro conocía un camino más corto y llegamos rápido a la comunidad  Centro Camantavisihi. No pasamos por allí en la ida y eso sería el comienzo de malos entendidos. El comité de autodefensa nos recibió y nos dijo que teníamos que conversar. Nos sentamos y de pronto vi  que nos rodeaba bastantes hombres, mujeres y niños. Todos nos miraban.

Todos estaban muy molestos porque no nos habíamos registrado en su comunidad, que ellos designan como la principal mientras que los otros son anexos. Nosotros les explicamos que no sabíamos ese requisito y solo seguimos a los guías que nos llevaron por otro camino. Les pedimos disculpas sin embargo la desconfianza se podía ver en sus rostros, no parecían creernos. A su indignación por “saltearnos” la comunidad se sumaba el hecho que no teníamos en físico el permiso de CARE: la Central Ashaninka del Rio Ene. Para entrar aquí es obligatorio tener ese permiso que sí se había tramitado, pero lo tenía el guía que había continuado el camino a la catarata Parijaro con el otro grupo. Nos dijeron: “cada uno debe llevar la fotocopia del permiso.” Ellos decían que no habían sido avisados de nuestra llegada, un problema de comunicación, algo difícil en esta zona donde no llega ninguna señal de celular. Se comunican por radio, la cual se conecta solo a ciertas horas. Felizmente pudieron corroborar por la radio con la comunidad de Barropampa que allí estaban nuestras cosas, pero su molestia persistía.

Entendía sus razones, su molestia pero a su vez comencé a tener temor porque nos revisaron a detalle nuestras mochilas, nos pidieron dni y finalmente pidieron la propina. Debo decir temor porque las personas que te interrogan tienen fusiles. Es diferente tratar con personas armadas que desarmadas.

Miraba a los miembros del comité de autodefensa y pensaba en tantos años de violencia que sufrieron y que tuvieron que combatir por mucho tiempo. Tal vez por eso actúan con esa desconfianza, a la defensiva.  Tal vez siguen necesitándolas para defenderse de otros problemas como el narcotráfico. Una vez que armas a la gente, lo más difícil es desarmarla.

Finalmente, después de tomar masato con el jefe, nos dejaron ir pero escoltados por dos miembros del comité de autodefensa hacia la comunidad de Barropampa. Ya era tarde y quedaban pocos minutos de luz. Caminé con temor y mucha incertidumbre, pues no sabía si realmente nos estaban llevando a la comunidad o a dónde. La desconfianza que vi en la comunidad me hacía dudar. Cuando podía veía el GPS en el celular y veía si estábamos acercándonos a nuestro destino. Finalmente fue así, llegamos a Barropampa. Les agradecimos por llevarnos y nos brindaron la escuela primaria para poner nuestras carpas.

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Casas en Alto Camantavishi. Gracias a la profesora Gisella que siempre estuvo dispuesta a fotos y entrevistas

Este viaje fue de mucho aprendizaje y sentimientos encontrados. Pasé de disfrutar y agradecer la hospitalidad a vivir la desconfianza y aversión de las comunidades ashaninkas. Es su territorio, son sus reglas y así lo debo entender. Creo igualmente que un viaje mejor organizado, con uno o más guías de la comunidad, con tiempo para presentarse con todas las comunidades y sus autoridades,  puede ser de beneficio para todos, para la comunidad y para los visitantes. Creo que una buena comunicación y la participación de la comunidad en los viajes organizados a la zona serán la única forma de garantizar una buena experiencia para todos.

Mapa de la ruta

Indira

Blogger de viajes, apasionada de los viajes y del uso de las TICs para desarrollar un turismo sostenible. Siempre en continuo aprendizaje.